domingo, 23 de febrero de 2020


ALEGRÍA…



Querida alegría, desde tu partida nada es igual, me duelen los ojos y apenas han pasado unas horas. El murmullo del viento entona canciones que llevan tu nombre; así como una dulce melodía que me hace verte saltando mientras caminas a mi lado.

Caemos una y otra vez, y quisiéramos caer otra más. Casi puedo verte llegar a mi puerta, radiante, fugaz. Guardo el sabor de tus besos y el aroma de tus brazos y ahí estás, perpetuada en mi alma y yo atado en lazos de los que no quiero soltarme, no quiero caer. Hoy más que nunca y como siempre te quiero ver.

Hoy, como siempre contigo, desnudo mi alma y quizá estas líneas no sean suficientes. Me duele el pecho y no hay remedio, quizá sea la falta de tus manos en él o tal vez me haga falta tu oído buscando mis latidos. Casi puedo sentirte llegar en algún lugar de la ciudad. Te vas alejando y me voy marchitando.

Ahora me encuentro vacío de tus abrazos y aniquilado por los recuerdos que llenan mis noches con anhelos de ti, de verte entrar una vez más por el estrecho pasillo que lleva a mi pequeña habitación que, aunque siempre fue para uno, cabían mis sueños en ella; ahora apenas cabe la desdicha.

El amor jamás ha sido justo y menos conmigo, porque una vez te vi ya estabas más allá de mis manos y mi mundo anhelaba orbitar en tu universo. Contengo las lágrimas porque un día dijiste que te gustaban los hombres fuertes, pero me engaño a mí mismo cuando en realidad tengo un nudo en la garganta y un frío infernal en los huesos, mi alma se retuerce pidiéndote a gritos. Me duele tu ausencia.

La tarde que te vi no sabía que lo haría de nuevo, entonces los años y la vida me dieron una oportunidad más y ya no podía dejar de mirarte.  Te escribo porque, aunque parezca lo contrario, mis palabras son torpes, quizá tanto como yo. Jamás, pero jamás puse a alguien en mi futuro, ya que nunca creí en este, pues apenas si creo en mí; pero anhelo con todo mi dolor, que esta noche es mucho, que te quiero así sea un día más en mi camino, en otro lugar, allá donde podamos ser libres, donde pueda caminar largas horas atado a tus pasos y siguiendo tus cabellos.

Creerás que soy un tonto o peor aún, un iluso. Te pregunto ¿qué seríamos sin ilusiones? Prefiero pensar que un día recorreremos calles desconocidas, tomaremos cafés bajo lunas francesas y no que solo vivirás en mi pecho por siempre. No encuentro como expresar lo que siento por ti, o quizá me da un poco de miedo aceptarlo y por eso pido perdón, porque puedo ser una quimera, una ilusión, una trampa.

Querida alegría, ayer que te fuiste me sentí morir. Querida alegría, hoy que no estás te espero allá dónde me prometí. Soñada alegría, te extraño y veo allá, en mi anhelado mañana, en mi inestable futuro… Amada alegría… sonríe esta noche.

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