JADE
Sentado, cobijado de noche y bañado con sal.
El recuerdo de sus ojos me acompañaba en cada
respiración
Miradas en el silencio, lleno de pensamientos y
vaciado de valentía.
Mientras el jade de su mirada extasiaba y
hechizaba una parte de mi alma.
Ni una palabra, solo una excusa absurda para
guardar su aliento.
Y así me fui, lleno de nada y ansioso de sus
palabras,
Cargado de deseo y sedado por la magia que en sus
ojos habita.