Érase una vez una historia sin final.
Una que empezó en las colinas de tu pecho
Y se expandió hasta los valles de mis sábanas.
Aún me es posible sentir tus cabellos
rompiendo con el sueño que viene con el alba;
así como destellos del sol que,
más que entrar por la ventana,
invaden las cabidades que yacen en mi rostro.
Dime cómo callar al corazón,
cómo olvidar esos momentos,
cómo olvidar esos momentos,
los ecuentros llenos de tensión
las despedidas carentes de argumentos
Te abrazaré en mis sueños
Saborearé la sal de tu piel
Te mostraré mil senderos
Algunos de ellos aún saben a miel