domingo, 25 de agosto de 2019



HOMBRECILLO


Entonces el hombre se sentó a ver pasar la vida. Sintió cómo el gélido viento resoplaba tras su cuello desnudo para después mecer las ramas del delgado pino, este yacía en la plaza. Le era inevitable omitir tal belleza, las efímeras flores contrastaban con el frío, ese mismo que resguardaba a los jóvenes y chocaba contra las aulas del silencio.
¡Un motivo más para vivir! Esta era la súplica matutina del hombrecillo, siempre sin respuesta alguna. Tal vez esa era su razón, la respuesta que no llegaba, miraba siempre la ventana a la espera de algo, de alguien. Miraba su reloj esperando la hora de dormir, para él, quizá, la única forma de detener su perturbada cabeza, de sentirse muerto.
Hábil con las palabras, pero nunca logró escribir algo bien, solo esa carta quedó correcta, o quizá no tanto, algunos errores gramaticales eran inaceptables. Él solo se percató al final, pero ya era tarde, la brillante hoja que acarició su piel hizo verter el líquido que como monedas de vida se escapaban de su ser.
<<Dos cortes verticales>> dijo el forense.

 Érase una vez una historia sin final. Una que empezó en las colinas de tu pecho Y se expandió hasta los valles de mis sábanas. Aún me es po...